Alfonso Reyes

Alfonso Reyes (Monterrey, México, 1889-1959) ha sido mi autor de cabecera, mi caballito de batalla. Aquí un par de artículos que le he dedicado.

"Oración a Alfonso Reyes"

Si orar es hablar en voz alta, don Alfonso, elevo esta plegaria a su naturaleza epistolar con el afán de comunicarme con usted en algún punto del cosmos palpitante o en algún pliegue de la luz. Repetiré su nombre según varios significados a la manera de una divinidad mitológica, con la intención de repartirlo y unirlo dentro del lenguaje (que otros llaman el universo).

Alfonso, de la primera letra del alfabeto griego: alpha;
Alfonso, del Aleph de la Cábala hebrea, ‘sustancia primigenia del universo, padre sostenedor del universo’;
Alfonso, según un diccionario de astronomía, es el único valle de la Luna en palpitante actividad volcánica y en el que posiblemente haya alguna forma de vida (pienso en “aquel valle de la Luna donde está el tiempo que desgastan los sueños”);
Alfonso o Ildefonso, de acuerdo a un diccionario etimológico hispánico, ‘dispuesto al combate’, al combate con el lenguaje y con la vida porque “vivir es esforzarse”, aunque más bien sea un dejarse resbalar o caer por los pliegues más cómodos del universo así como usted lo intuyó en su “Exégesis en marfil”;
Alfonso, Alfonso X el sabio de esa España variopinta cruzada por todas las culturas del Mediterráneo;
Alfonso, Alfonso Reyes emparentado hasta con los filipinos del Asia;
Alfonso mexicano con la X en la frente;
Alfonso universal;
danos hoy la frase, la máxima de cada día,
perdónanos al copiarte y no citarte,
déjanos caer en la tentación de parafrasearte,
líbranos de la mediocridad,
amén. 


ALFONSO REYES


LA TOTAL CIRCUNFERENCIA



“Reyes, la indescifrable Providencia
que administra lo pródigo y lo parco
nos dio a los unos el sector y el arco,
pero a ti la total circunferencia”.

“In Memoriam AR”, J. L. Borges 



"Humanización de Nuestra América":

Sus ideas son tan diáfanas que hablar de él implica de algún modo parafrasearlo. No hay necesidad de sobreinterpretaciones. Por donde se abran cualquiera de sus tomos a las dos líneas quedamos impregnados de su estilo. Trasciende el interés académico – de ahí su poca presencia en nuestras universidades – para posarse en un plano más cercano a la vida y hasta trasformar, a poco que lo releemos en silencio, nuestra visión crítica del mundo como si activara algún tendón de la inteligencia, acaso efecto del nerviosismo tranquilo de su prosa. Se trata de esa aparante calma de los grandes desesperados que opera sobre una reflexión estética del lenguaje. Es que los mejores prosistas suelen ser los mejores pensadores [...]

El utopista-realista 
alfonso reyes cnl inba El pensamiento político en Alfonso Reyes
Si Latinoamérica nació de la utopía del Renacimiento, ¿no ha sido esa buena intención la que, en menor o mayor grado, la ha conducido al infierno? ¿No hay un peligro latente en las izquierdas al asociarse con los espejismos de la ficción? Naturalmente Reyes se aplicó siempre a ser un hombre de acción. Como a su padre, también a él “aquello de sólo dedicarse a soñar se le figuraba una forma abominable del egoísmo” (*15). Sabía que había una especie de servidumbre tanto en la esperanza como en el miedo, es decir, tanto en las promesas de una política de izquierda como en el recurso retrógrado de la derecha. Había leído en Baruch Spinoza que “la base psíquica de las relaciones de dominación” eran el temor y la esperanza, pero que la verdadera ciencia política no debería “mezclar risas ni lamentos” (*16). Presto a escoger entre las dos, Reyes se inclinó obviamente por la risa y la esperanza, pero en una forma medida y prudente. Tan prudente y medida que, a pesar de haber sido un hombre de izquierda, ningún grupo intelectual de izquierda reivindicó su nombre en el largo predominio cultural que tuvieron durante la segunda mitad del XX. Bajo los brutales entusiasmos marxistas de las décadas pasadas, sin duda, Reyes aparecía como de derecha. Observa Eugenia Houvenaguel que a Reyes lo perjudicó su personalidad demasiado diplomática -diplomacia que es más bien escepticismo- por cuanto no se comprometió demasiado ni protestó lo suficiente con los problemas políticos, económicos y sociales del continente (*17). La misma crítica o solicitud se la pidió Germán Arciniegas en 1950, una época en que más de la mitad de Latinoamérica se hallaba bajo dictaduras. En carta de diciembre 23 de 1950, Arciniegas le expresó a Reyes desde Nueva York su alarma por la libertad del continente (seguir leyendo: El pensamiento político de Alfonso Reyes).