viernes, 12 de diciembre de 2014

Platero y Joyce



No me acuerdo bien si es de Moreno-Durán o de Juan Manuel Roca, o si Roca le dijo eso alguna vez a Moreno-Durán, que si él hubiera escrito el libro de Juan Ramón lo titularía Platero y Joyce. Harto conocida era la obsesión de RH por el Ulises de Joyce en el mundillo literario colombiano. Varias veces le oí decir a RH que poco podía esperarse del novelista que no releyera, antes de los 32 años, el Ulises. Poco puede esperarse, le contestaba alguien, de quien pretenda escribir una novela antes de los 40 años. Y así las frases iban y venían con tazas de café o con tragos de whisky en las rocas, ya no me acuerdo, mientras se debatía si el novelista debía inspirarse en la vida o en la misma literatura. 

Confieso que nunca he leído completo Platero y yo ni menos aún el Ulises. Sobre el Ulises asistí a un par de cursos libres que hacia 1999 dio, en una universidad de Cúcuta, Perozzo, un profesor de Derecho y compañero de RH en la Nacional de Bogotá. La obsesión por Joyce parecía algo generacional, o al menos propia de esa facultad de Derecho. 

De Platero y yo, el poemario en prosa de Juan Ramón, apenas conozco fragmentos. Hojeé una edición de Cátedra el año pasado, cuando Dianis se lo estaba dando a leer a los hijos de los políticos más poderosos de México en ese colegio elitista de Naucalpan donde fue "miss" de Español. Dianis contaba que, desafiando todas sus expectativas, Platero y yo gustó mucho entre esas bestezuelas. Hasta llegó a oír interpretaciones lúcidas. 




Joyce y Juan Ramón sólo tienen una cosa en común: que en 1914, hace 100 años, ambos publicaron dos libros memorables. El andaluz  el que ya dijimos; el irlandés, Dublineses. Esos cuentos de Dublineses son maravillosos. El que más me gusta es el de "Dos galanes", en que uno le cuenta al otro cómo se seduce a una muchacha del servicio doméstico. Así. Con pura alegría.  Tal vez otra cosa compartan Joyce y Juan Ramón: cierta alegría, cierto goce verbal en medio del catastrofismo burgués, del realismo apocalíptico...

Hay un verso de Juan Ramón que uno, apenas lo oye, se lo aprende de memoria (by heart). Es ese versito que dice: "...sólo queda en mi mano la forma de su huída!" No pertenece a Platero... Creo que es de Piedra y cielo, ese otro poemario que sí que obsesionó a los poetas colombianos de los años cuarenta del siglo pasado. Llegaron a llamarse los piedracielistas o la Generación de Piedra y Cielo, como la de Moreno-Durán por poco llega a llamarse la de Platero y Joyce. Eso, para los que crean en generaciones... como Ortega y Gasset que llegó a teorizar sobre el asunto. 

Meditaciones del Quijote, el primer libro de Ortega, también a acaba de cumplir 100 años. "Yo soy yo y mi circunstancia". Pero de eso hablaremos después.