miércoles, 11 de septiembre de 2013

RENÉ GIRARD: GEOMETRÍAS DEL DESEO



La mitologia high-tech di Antonio Pio Saracino


Al pensar que el amor no debe nada al azar sino que obedece a la imitación, a leyes implacables de la mímesis, el filósofo francés René Girard ofrece todo un remedio contra los chismes sentimentales que inundan nuestro vida adulta en el corrillo de una oficina, en el pasillo de una universidad. Un antídoto contra el chantaje sentimental y lo servilmente romántico. Una geometría del deseo que aplica para la situación más sencilla o complicada de la vida, según se vea, como son los noviazgos y los ex-noviazgos. 


         Las relaciones sentimentales, a juicio de Girard, son tan delicadas como la alianza de dos naciones soberanas y de gran orgullo. Nacen del deseo recíproco. Pero como a su vez todo deseo nace de una debilidad, supongamos que esas dos naciones no se entiendan y rompan relaciones de comercio (carnal), cultural y hasta diplomático. Pues bien, observa Girard, esa voluntad de renuncia pertenece a la dialéctica del deseo. Ese rompimiento ejerce una fuerza inversamente proporcional a la atracción que en un principio los llevó a juntarse. 

Todo deseo de terminar sigue siendo parte del deseo –culebra que se muerde su propia cola. “No darse ya es seguir dándose. Es dar nuestro sacrificio”. (Marguerite Yourcernar, Fuegos). El rompimiento de una relación no rompe el círculo del deseo, “pues es siempre –dice Girard– la otra mitad del deseo […] Todos los actos mundanos son dobles”. El error consiste en seguir llamando amor a ese deseo inverso que causa una separación, tan tonto como considerar amor el sentir celos retrospectivos por el ex-novio de tu novia actual o de la nueva novia de tu ex-novio. Girard saca ejemplos de grandes obras literarias, pero prefiero parafrasear el ejemplo del prologuista Mark Anspach:
Laura y Paul son colegas en un despacho de abogados. Jurista serio, Paul no muestra ningún interés por la vanidosa Laura, y eso es justamente lo que lo vuelve deseable a los ojos de ella. Laura se propone seducirlo pero, una vez que lo logra, su ardor decae con rapidez. Deja a Paul por otro abogado del mismo despacho. Paul queda hundido en la desesperación, y en cierto momento se consuela saliendo con Daniela. Laura se pregunta de golpe cómo ha podido dejar escapar a un hombre tan perfecto. Usa de nuevo todos sus encantos para volver a conquistar a Paul, pero una vez más que vuelve a poseerlo, su deseo desaparece con la misma rapidez. No lo ama en sí. Se ama a sí misma, y se enfurece de que Daniela u otras chicas deseen lo que ella en cierto momento poseyó. 


No hay soluciones para estos problemas tan interesantes. Mejor. A veces las soluciones más razonables resultan peores que los problemas. Y a propósito me acude un gran escolio: “La inteligencia no consiste en encontrar soluciones, sino en no perder de vista los problemas”. (Gómez Dávila). Torear los chiles para que no piquen tanto es el servicio que nos presta la filosofía. Basta de estar pegados delante de la televisión o la pantalla, siempre espectadores y nunca actores. Seamos voyeur, pide Girard, pero de nuestra propia vida.